
Tiene la ternura y la sensibilidad de un artista, porque lo es, porque lo lleva dentro... y, a la vez, la dureza que se forja en la piel tras librar las batallas más árduas...
Tiene duende, o carisma, o qué sé yo... tiene ese algo que le hace diferente, cercano -rozándome el alma- a 12.000 km. y un océano de distancia...
Pasó ya la edad de la crucifixión y así se lo marca su raciocinio, aunque le duela, aunque le queme por dentro... ahora él decide su camino, marca su destino a golpes de corazón, a golpes de sentimientos, a golpes de cuerda locura -o de loca cordura-, siempre con los pies muy bien anclados y los pensamientos volando muy alto...
Tyler Durden vuelve más fuerte, más libre y más luchador que nunca... Porque él es un niño especial... es mi niño transoceánico...




0 comentarios:
Publica un comentari