Tal vez, hoy no sea el mejor momento para escribir, pero ya dije que uno no escribe cuando quiere, sino cuando es lo único que puede hacer... y hoy sólo me queda escribir...Tengo que escribir porque, aunque los sentimientos y las sensaciones que he experimentado durante estos días siempre me acompañarán, si no los verbalizo, es como si algo de ellos se me perdiese... me da miedo olvidar aunque sea el más mínimo detalle... porque, estos días, han sido el mejor regalo que nadie pueda hacerme...
Mi querido niño Martín me ha repetido hasta la saciedad: "Pero, cabrona, por qué te gusta tanto este pueblo si no tiene nada...?? Pero, hija de puta, por qué te gusta tanto este barrio, bueno, este pueblo, porque es un pueblo, si no tiene nada...??" Y yo, también hasta la saciedad, le he repondido que no es el pueblo, es la gente, las personas, son ellos -los Bocanada: Martín, Txarly, Juanito, Pepo (aunque sea sin sus rizos), Abel-, son Zido y Satanás y Juli, son Kutxi y los Marea, son el K+DA y la Peña La Barga, incluso el bar Buenos Aires -a la vuelta de casa de Javi-, es el aire que me deja respirar limpio, es el caminar por sus calles y sentirme en casa, es la niña Maribel -la más guapa de los Romero- diciéndome que, igual, mi sitio esté allí; son los lavaderos de 1145, y la cuesta, y la arcada, y la vista...
Y son Mikel e Iñaki; y son Kena y Javi, mi tesoro, que en cuatro días ha sabido calarme hasta la médula, que se me ha metido hasta el alma, que ya es uno de esos remaches que están formando parte de mi corazón (porque sí, lo tengo, aunque muchos no lo crean), por darme las llaves de su casa, por dejarme que pasee con Kena, que la quiera, que le quiera...
Es todo lo que eso me hace sentir...
Es como todo eso me hace sentir...
Es mi Berriozar...




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